jueves, 27 de abril de 2017

-Creo que no te percatas de la gravedad de la situación- dijo Clay rascándose incómodo la barba, mientras había un ligero murmullo ausente por el resto de los habitantes del bar, que volvieron a lo suyo. Ian, por su parte, seguía bebiéndose su café con suma pasividad -No se trata de que hayas roto la lámpara y el techo, Ross. De hecho, desde un punto de vista prudente, es insignificante- volvió a suspirar
-Si me permites intervenir Clay... déjame decirte que Ross ha aguantado estoicamente la rutilante chapa que le ha dado ese chico...- Ross le miró, molesta a pesar de su ayuda. No lo necesitaba ¿O es que era su padre? -Sólo trato de ayudar- se encogió de hombros -Estoy de tu parte. Soy testigo de lo ocasionado-
-Lo que busco no son testigos, inspector, sino hacerle entender. Ross... ven conmigo al despacho un segundo. Esto será mejor que lo hablemos a solas- la chica asintió y le siguió
-Yo os vigilo la barra- dijo Ian con un ligero tono sarcástico, al ver cómo se atrevían a dejar el bar sólo aunque fuese por unos segundos.

Dentro del despacho, Clay rodeó su mesilla hasta que se sentó en el viejísimo sillón, al que ya se le salía la espuma por todas partes. Todo estaba viejo en su despacho, no sólo el sillón. La mesa estaba llena de ralladuras, no sabía si por tijeras, cuteres, cuchillos o sabía Dios por qué. Los cuadros que tenía colgados, algunos de motos, otros de paisajes, estaban tan cubiertos de polvo que a veces costaba discernir. El despacho de Clay no era precisamente un lugar que ella frecuentara, de manera que era curioso poder detenerse unos instantes en los detalles -A ver... Ross...- se acarició las sienes -¿En qué estabas pensando, muchacha?- la chica procedió a explicarse. Explicar precisamente cómo ese chico había tratado de humillarla, cómo la estaba vejando ante toda la clientela. Diablos, hubiese querido deshacerse de él incluso aunque hubiesen estado a solas en el bar. Esa clase de actitud la ponía enferma -Y te entiendo, chica, creeme. Te entiendo perfectamente- algo hacía dudar a Ross de que realmente la entendiese. Fue el punto decisivo para sacar un cigarro y encendérselo. Necesitaba controlar sus nervios de alguna forma -Pero esto es un negocio ¿Comprendes? Es un bar, de carretera. Humilde, a ratos insidioso. Me da igual, completamente igual, cómo trates a los capullos que vienen a beberse mis licores y encima quieran hacerle daño o tratar mal a mi camarera. Ross, nunca aceptaré que se pasen contigo y por eso está ahí la escopeta- la chica asintió, cruzándose de brazos. Ahora venía el "pero" -¿Pero cómo se te ocurre disparar en frente de un jodido inspector de polocía? ¿¡Estás loca!?- Ross bufó -¡No bufes encima! ¡No me creas equivocado! ¿Te recuerdo que Ian lo es?- la camarera aseguró que Ross no había dicho nada al respecto. Si hasta acababa de defender su posición -No sé qué tienes hija, pero te suelen defender ante cualquier problema, seguramente para ver si así te agarran el culo- Ross frunció el ceño -Lo siento. No pretendo ofenderte...- Clay se levantó del asiento -Pero entiéndeme ¿Es que quieres que me cierren el garito? Si pierdo el bar, pierdo mi trabajo y el sustento de mi vida. Y tú también. Tú perderás tu puesto de trabajo, uno que tienes fijo y asegurado. Sí, a veces echas más horas de la cuenta, pero sabes que trato de pagarte todo lo que puedo. A pesar de la ingente cantidad de borrachos, esta mierda no paga todas las deudas- Clay tenía un aspecto desmejorado últimamente, quizá tenía problemas -Lo que quiero decir Ross es...- la chica separó los brazos y dijo estar despedida -¿Qué? No ¿De qué coño hablas?- Clay soltó una carcajada exasperada -No te voy a despedir por espantar a tiros a un pijoteras de Washington que se cree mejor que nadie. Por mí como si le cortas la polla con el cuchillo de huntar crema de cacahuete. Pero cielo... no dispares. Saca el arma, apunta, amenaza, pero no dispares. Y menos porque te tiren los trastos. Ese arma está para defender el negocio de cualquier atracador o cualquier gilipollas que quiera hacerte daño. Está para parar peleas que nos pueda destrozar el negocio. Pero no para darle una lección a un mocoso ¿Lo entiendes? Sé que te has sentido ofendida, insultada, pero tienes que controlar tus impulsos. Tener ese gatillo tan fácil me preocupa Ross. Quién sabe si algún día alguien te tocará las narices de más y decorarás las paredes con unas pintadas de sangre y sesos- la chica volvió a bufar -Sal ahí- señaló con el dedo -Mantén a esa panda de inadaptados borrachos y consumiendo y nada más. Deja la escopeta en su sitio y asegurate de ni siquiera oler el metal de sus piezas a menos que estés amenazada ¿Estamos?- concluyó con tono autoritario, pero con compasión en la mirada. Ross estaba de acuerdo, pues no le quedaba otra opción. Era hora de volver a la barra a atender a las masas.

Una vez allí, la chica lo primero que encontró fue el rostro sonriente de Ian, cuyo café se había acabado y la contemplaba con tranquilidad divina. Arqueó una ceja y le preguntó qué diablos estaba mirando de esa forma -Sólo me preguntaba si estabas preocupada por perder el trabajo- sin demasiadas complicaciones, se limitó a decirle que se metiera en sus asuntos -Oh, no, no lo es, no pretendía molestar. Pero como cliente me gustaría que siguieras aquí. Das un toque de... pureza- dijo con una extraña sonrisa -a la panda de mamotretos que pueblan tu local- ella bufó, limpiando los vasos sucios y retirándole el suyo a Ian -Ross, antes de irme...- le dejó una tarjeta sobre la mesa -Es mi número de teléfono- ella le disparó una mirada asesina -Eh, no, no saques la escopeta- se burló amistosamente -Es para que me llames si ocurre algo- Ross se preguntó qué se supone que iba a ocurrir -Mi esperanza es que no suceda nada, precisamente, pero nunca se sabe. Después de lo acontecido en Oathtown, toda precaución es poca. Ten- dejó otra más -Dásela a Clay. Si veis a cualquier persona o grupo de personas mínimamente sospechosa y que no os suene de haberlos visto antes... llamadme, por si acaso- ella no contestó, sólo cogió las tarjetas. Cuando Ian se marchaba, lo llamó una última vez. Quería saber si se había metido en un lío por lo de la tenencia de armas y por abrir fuego. Ian se echó a reir -Oh, no. De momento no- sonrió -Pero porque soy yo- le guiñó un ojo -Sé que lo has hecho sin maldad ninguna, no matarías a ese tipo ni a nadie- se fue a dar la vuelta, pero volvió a mirarla -¿No?- le arrancó media sonrisa a Ross y para él fue más que suficiente -Eso espero- dijo fingiendo misterio -Procura no meterte en líos Ross- y sin más, se marchó.

Jack

 -¿Estás de coña?- preguntó Willy el Tuerto, el vicepresidente del club de los Crows, mientras miraba con unos prismáticos. La noche estaba a punto de caer sobre Diamond, una ciudad al borde de la Ruta del Diablo -¿Esa panda de pirados son tan peligrosos? No lo veo tan claro-
-Willy ¿No te parece peligrosos que sean una panda de fanáticos, satánicos, que se dedican a hacer daño a la gente?- preguntó Junk, un enjuto motero, con la misma chaqueta de cuero que su hermano
-¿Pero es que ahora somos héroes? ¿Hermanitas de la caridad?- le pasó los prismáticos a Junk -Tío ¿Desde cuando nos va y nos viene lo que le pase a la gente?-
-Desde siempre- terció una voz tras él. Jack, el presidente y líder de la banda, con su media máscara de calavera sobre el rostro para cubrir su identidad-
-Coño, la Muerte personificada- rió Willy -No te he visto llegar- se tocó el parche del ojo que perdió
-Nunca me veis- suspiró aburrido -Y mi moto no es tan silenciosa. Sois unos cabrones que pasáis de vuestro presi- le dio con el puño en el hombro a Junk -¿Están ahí?-
-Oh, sí. Colocados como putas. Y hablando de putas... Vaya par de tetas que tiene esa-
-¡A ver!- le arrebató los prismáticos Willy
-¿Por qué tanta ansiedad? Qué bruto eres- se sacudió la mano
-¿Y los demás?- faltaban dos. Johny el novato y Wings, el armero
-Joder qué membas... Quisiera ser uno de esos payasos satánicos ahora mismo. Mira, mira, mira, mira cómo le come las tetas. Hijo de puta- se rascó el paquete
-¡Eh!- Jack le dio una bofetada en el hombro -Deja de pajearte y dime dónde están los demás-
-Están en camino- y tal como Willy dijo, empezaron a llegar. Dos motos aparcaron junto a ellos, ambos con la misma chaqueta del club, con un cuervo delineado en su espalda de color blanco para distinguirse del cuero negro sobre la frente de una calavera sin mandibula con alas sobre dos tibias cruzadas como los antiguos piratas
-Aquí estamos- terció Wing, fumándose un cigarro -¿Queréis?-
-Guárdate la calma para después de la tormenta. Necesitamos los nervios tensos como la polla de un adolescente- indicó Jack
-O como la mía- añadió Willy -Vaya jacas. En serio. Echa un vistazo, novato- le fue a pasar los prismáticos a Johny, que apenas tendría 19 años, pero Jack lo interceptó
-Suficiente- Willy suspiró. Tenía ganas de follar, no de pegarse de hostias -¿Tenéis las armas?- todos enseñaron sus pistolas y las cargaron -Bien- Jack no llevaba pistola, sino un bate de beisbol de acero y un puño americano en el bolsillo de la chaqueta -Hora de cazar- arrancó el motor y los demás les siguieron en un rugido que se alzó al cielo como un ronquido del Taos
-¡A volar entre sangre y humo!- rió Junk y se pusieron en marcha

[The Brothers Bright - Blood on my name]

Las motos salieron en columna de convoy, saliendo de aquel descampado, atravesando la carretera, rumbo hacia la vieja plaza de aparcamiento en la que estaban aquella otra panda de moteros bebiendo, fumando maría, oyendo música metal y liándose con diversas putas que habían encontrado por la calle. Mientras se aproximaban más y más, aquellos tipos de mala pinta y motos antiguas se pusieron en alerta. Algunos sacaron cuchillos, preparados para lo que pudiera pasar. Las motos de los Crow se metieron de lleno en el viejo aparcamiento, todo envuelto en oscuridad debido a que era una zona cuyas luces estaban fundidas o destrozadas. Jack atropelló a uno de ellos sin miramiento alguno, pasándole por encima con su pesada moto. Aquello comenzó la batalla. Los chicos de Jack comenzaron a disparar a las motos para que no huyeran mientras que el presidente se bajaba, bate en mano. Comenzó a golpear a uno en las piernas para dejarlo inmóvil y acto seguido le estampó el bate directamente en el craneo un par de veces hasta que el hueso crujió. La batalla campal se alzó en una vorágine de sangre, gritos e insultos mientras los Crow disparaban al rededor de Jack y los otros intentaban cubrirse y buscar la oportunidad de rajar de arriba abajo a sus enemigos, objetivo que les resultó prácticamente imposible. Una de las putas salió herida por igual, desangrándose en el suelo debido a una bala esquiva. Otra acabó cayendo en brazos de uno de los enemigos de los Crow, que la usó de escudo humano hasta alcanzar una esquina y huir en la única moto que no había aparcada en mitad del tiroteo -¡Mierda!- gritó Willy, que fue a seguirle
-Quieto, déjamelo a mí- sonreía Jack, con la máscara llena de sangre. Se subió el pañuelo para terminar de cubrir su rostro, fue hacia su moto y arrancó para seguir al susodicho mientras los demás se ocupaban de aniquilar al resto, tan bebidos y fumados que no acertaban a ver siquiera quién era su hermano y quién el enemigo.

Las motos rugían con fuerza en el silencio de la noche, mientras Ross se bajaba del coche de Clay, que la dejó en la avenida que le venía más cerca -Buenas noches, niña. Y no te preocupes, que no te voy a echar. No puedo. No quiero que me vueles la cabeza con la escopeta- rió algo más calmado, despidiéndole ella con mala cara. Arrancó el coche de nuevo y se marchó, mientras Ross echaba a andar por la larga calle rumbo hasta su casa. Le tomó varios minutos estar próxima a su vivienda, pero al pasar cerca del oscuro parque medio abandondo que circundaba su vivienda, se sintió insegura. Había una extraña sensación en el aire, una vibración que le gritaba prudencia. Su sexto sentido estaba disparado como las alarmas de la segunda guerra mundial cuando llegaban los bombarderos. Y no se equivocaba. Una mano surgió de la oscuridad para atraparla del brazo y tirar de ella hacia el parque. La chica rodó por el cesped sucio al igual que su bolso. Estuvo andando con la mano metida dentro de él, acariciando la pistola que llevaba para la autodefensa, pero al volarle el bolso la perdió. Tanteaba a ciegas mientras sus ojos se acostumbraban a la oscuridad para buscarla. Necesitaba protegerse ¿Quién era? ¿Qué pasaba? ¿Sería el mismo payaso del bar? -Las palabras. Las palabras, recuerda las palabras. Pronuncia las palabras. Sálvame. Ay, sálvame padre. Sálvame hermano. Sálvame, oscuridad. Sálvame, oh, infierno, que de mi sangre no sea la puerta, sino de esta ramera- dijo una voz carrasposa y medio borracha. La chica llegó a alcanzar algo, una moto. Se sirvió de ella para ponerse en pie -Los han matado. A todos. Nos dan caza. Los soldados de Dios. Dios ha bajado a la tierra y en su paraiso no nos quiere, no nos quiere. Demonio. Diablo. Padre de Todos, Padre del Mal, sálvanos. Oh, danos la gracia y que se alcen tus ángeles sin alas, que caigan los entronados- Ross vio el puñal reflejar la luz de la luna. Se le aceleró el pulso ¿¡Dónde estaba la puta pistola!? Cuando intentó apartarse de él, la agarró de nuevo con fuerza. Fue lenta, torpe en la oscuridad. Le espetó que la dejase en paz, que lo mataría si no lo hacía -Y la muerte me miró a los ojos esta noche, mujer, y me dijo que por mí vendría, que por mí vendría. Mas en la puerta marqué con la sangre del cordero la señal. El ángel exterminador no vendrá a mi lecho, no vendrá a mi lecho. Pero estará en tu seno, oh, tu seno- se la acercó más de la cuenta. Ross pudo oler el hedor a whiskey, cerveza, meados y marihuana que despedía ese andrajoso tipo -Danos tu bendición. Danos tu maldición- rezaba, pues lo que hacía no era simplemente hablar. Lamió el rostro de Ross, el cuello, mientras ella forcejeaba -Danos tu vida- dijo mientras le separaba ligeramente las piernas con las suyas para tratar de palparle el sexo -Danos tu muerte- a la vez que preparaba el cuchillo para apuñalarla -El sacrificio para el Padre. El cordero para el Pastor. La llave de la Puerta-
-Amén- dijo una voz tras él a la vez que se giraba. Un puñetazo reseco llenó el ambiente mientras Ross retrocedía retozando por el suelo para apartarse de aquel loco. Había otro hombre. Ambos estaban enzarzados en una pelea. El andrajoso le quitó algo de la cara al nuevo que había llegado, mientras éste trataba de subirse sobre él. Una vez lo consiguió la pelea estuvo decidida. En la mano del desconocido brillaban los puños americanos que se descargaban una y otra vez sobre el rostro del andrajoso motero. Tantos fueron los golpes que el hombre dejó de gritar, dejó de lloriquear, dejó de gemir de dolor. Sólo se oían golpes y el salpicar de la sangre. Ross encontró el bolso. Encontró la pistola. Entonces se puso en pie y la cargó. Apuntó en seguida al individuo que golpeaba y le ordenó que se marchara inmediatamente o le volaría la tapa de los sesos. Fue cuando se detuvo. Quizá no se daba cuenta de que el tipo ya estaba muerto. Se puso en pie con actitud dominante y escupió sobre el cadáver. La miró. La luz natural de la luna le permitió verle el rostro, en menor o mayor medida. Él la estaba mirando con crudeza. Ross no pestañeaba. No le temblaba la mano. No le iban a hacer daño, de ninguna manera -Baja el arma niña, o te vas a hacer daño- Ross le espetó que no tuviera los huevos de llamarla niña, porque no lo era. Y se lo demostraría -Está bien- dijo Jack con tono despectivo -Me largo. Mi trabajo aquí está hecho- se dio media vuelta y recogió la máscara y el pañuelo -De nada- dijo antes de irse. Ross, furiosa, le gruñó aclarándole que no necesitaba que ningún héroe la salvara. Jack se giró para mirarla un segundo -¿Salvarte? ¿Héroe?- rió -He venido a por ese cabrón hijo de puta, no a salvarte. Que te haya ayudado o no, ha sido cuestión de tu simple suerte. No sé quién crees que soy, o quién crees que eres tú- se cruzaron sus miradas un instante antes de la despedida definitiva, pero ambos sintieron una extraña vibración. Una atracción y repulsión instantanea, como dos gigantescos imanes cuyos polos querían tocarse pero una inmersa fuerza los empujaba a separarse -No, definitivamente no sé quién eres- medio sonrió -Pero lo último que haría es salvarte, te lo aseguro- dijo asqueado mientras Ross empezaba a apretar el gatillo a la vez que el hombre se marchaba. Lo odió de forma instintiva, como él a ella, sin razón aparente, pero no pudo disparar, de la misma forma que él no pudo esperar a que el loco se ocupase de ella para atraparle con la guardia baja. De haber sido así, quizá Jack no se hubiese marchado con una muy bien oculta puñalada en el costado. La única certeza es que Ross había sido testigo y salpicada por algo que no comprendía y que pronto, de forma inexorable, la alcanzaría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario