miércoles, 26 de abril de 2017

Ross


Ross se inclinó sobre el otro lado de la barra. Su mirada aburrida era tan insultante, que por un momento, el chico nuevo se sintió ofendido. Posó su rostro sobre una mano, posando su mirada a las espaldas del chico. Se avecinaban tensiones.

-Bébete tu cubata, paga la copa y lárgate- dijo, sin más. -Respetando sobretodo el segundo punto- frunció los labios. Por el rabillo del ojo, observó como Ian contemplaba la escena sin dar sorbo a su escuro café -¿Vosotros detenéis a este tipo de energúmenos o también les hacéis la vista gorda?- preguntó sin mirarle, provocando que ambos hombres, por instinto, se miraran. El joven, tras darle varias vueltas, comprendió que el hombre que tenía a su lado debía tener un cargo tan imponente como el de un policía y que por tanto, eso podría causarle problemas. Se apartó ligeramente de la barra, tenso. -Yo que tú, no le temería a él, sino a ellos- Ross levantó la barbilla, señalando a todos aquellos quieren tenían el ojo echado sobre el chico. Algunos de ellos ya se habían puesto en pie y acercado, para vigilar más de cerca, o directamente, preguntar si había algún tipo de problema, si a caso estaban molestándola. -Todos sois un puto problema aquí- comentó de mala gana. -Todos me molestáis- añadió -Éste solo quiere sumarse a vuestro grupo- se oyeron risas al fondo del bar. El chico cada vez se fue sintiendo más y más intimidado, lo que provocó que se pusiese a la defensiva, alegando que no estaba haciendo nada malo. Había venido a beber y repostar, como la mayoría allí -¿Quieres que te repuesten el culo, encanto?- sonrió Ross, añadiendo más leña al fuego. Entonces, el chico la llamó zorra. Zorra. -Oh si, me siento tan ofendida- fingió dolor frunciendo el ceño. Comprendiendo que sus intenciones no le llevarían a buen puerto, el joven tomó su copa y se la bebió de un sorbo, en un vano intento de demostrar algo de estúpida masculinidad. Con aquellos aires de lujo, idénticos a los que había atraído al entrar al bar, alegó que sin duda alguna, el bar había perdido a un buen cliente por aquel asqueroso trato, y Ross, a un buen tío. -Oh ¿Quieres que llore y te suplique? ¿Tan desesperada me vez?- la chica se echó hacia atrás, volviendo a ponerse erguida. Tomó el trapo andrajoso que había soltado anteriormente y se puso a limpiar la barra, justo donde el chico había puesto sus manos. -Paga la cuenta y lárgate- volvió a avisarle. A regañadientes, el joven sacó la cartera de su bolsillo y extrajo un billete de diez dólares impoluto. Pero en vez de dárselos o colocarlo sobre la superficie, lo tiró al suelo, al otro lado de la barra. Ross vio caer el verdoso papel a su lado, y cuando devolvió la vista al chico, éste la mirada divertido. Quería humillarla. Ross suspiró con mucha desgana. Llevó sus manos lentamente al cajón que había justo frente a su cadera. Rápidamente, sacó y dejó ver una larga y brillante escopeta de caza, guardada en ese sitio con intenciones claras. -Recoge el billete, por favor. Se ha caído- el chico sonrió, alegando que no estaba cargada. Ross no dijo nada. Se la colocó cuidadosamente frente al hombro derecho y disparó a la lámpara que había a las espaldas del chico. El cristal de la misma, así como la bombilla, reventaron en docenas de pedazos brillantes. Algunos llovieron sobre las cervezas de algunos clientes. -Recoge el billete, que se ha caído- repitió, esta vez, apuntándole a él. El joven levantó los brazos, incómodo. Se dirigió al otro lado de la barra, se inclinó para recoger el billete y lo dejó, esta vez sí, sobre la superficie. -El cambio es para mí, para arreglar la lámpara ¿A que sí, cielo?- éste asintió. Lanzó una última mirada asesina y se retiró. Se marchó del bar, no sin antes expresar una serie de improperios mal sonantes, al tiempo que entraba Clay.

Clay, el dueño del garito, eran un hombre bastante tranquilo y sereno a pesar de su rudo aspecto. No se enfurecía con demasiada asiduidad, y si lo hacía, siempre se lo guardaba para sí mismo. Sin embargo, ese día, no pudo evitar seguir con la mirada al chico que se marchaba insultando a su local. Instintivamente, lanzó una mirada furtiva a Ross, quien estaba guardando la escopeta en su sitio en ese mismo momento. La chica se percató de aquella mirada, miró a la puerta y después le devolvió la mirada a él. Puso los ojos en blanco y se encogió de hombros. No era culpa de ella lo que fuera que había pasado y Clay lo suponía. Se acercó a la barra, lanzó una mirada un tanto desconfiada a Ian y miró a Ross. No preguntó nada, no tenía por qué.

-Está bien... está bien. Toma, el dinero de la lámpara- le cedió el billete -O el cuarenta por ciento de lo que cuesta, al menos. Quítamelo del sueldo, o yo que sé- Clay, que hasta ahora no se había percatado de su destrozada lámpara, miró al techo y después bufó. -Vale... lo sé... estoy en un problema, una vez más...-

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